Lo más interesante es que, técnicamente son ilegales. El departamento de salud e higiene de Nueva York los considera una "deficiencia general", ya que corren el riesgo de contaminar la comida. Hay multas de 300$ por la 1ª vez y de 2000$ y más por repetición.
"Cualquier animal cerca de la comida es una amenaza de contaminación. Desde ellos mismos a su pelo o excrementos podrían terminar en la comida, y eso es una violación del código de salud," explica Robert Corrigan, científico especializado en roedores, al The New York Times.
Sin embargo, muchos dueños de tiendas tienen gatos a pesar de la ley, porque los prefieren a las infestaciones de roedores, que también conllevan multa.
Urszula Jawor, de 49 años, procede de Polonia y es dueña de un deli. "Por la mañana la gata es muy perezosa, se pasa el rato durmiendo. Pero tras el mediodía está ocupada. Se pasa las horas persiguiendo a ratas y ratones."
Andre Duran tiene una tienda en Brooklyn y afirma que lleva 6 años con un gato y nunca fue multado. "Este es Oreo. Nadie se ha quejado de que hubiera pelo de gato en sus sandwiches, y si no estuviera aquí, te apuesto a que habría problemas peores que su pelo."
Corrigan está de acuerdo en que hay estudios que demuestran que el olor a gato en espacios cerrados puede alejar a los roedores, pero no le parece una forma aceptable de control de plagas, porque muchos de los parásitos y bacterias de las ratas pueden infectar a los humanos tras pasárselas al gato.






















