El nuevo fenómeno fue observado por los ávidos usuarios de Internet, es decir, cada uno de nosotros, que parecen interesarse por contenidos que no necesariamente les gustan. La idea desafía la comprensión común de nuestra presencia en línea y sugiere que estamos aquí no necesariamente para consumir cosas que queremos, sino por el contrario, ver, leer o desplazarnos por algo que odiamos por completo.
#6 Gracias, odio a este gato desnudo haciendo de cosplay del miércoles Addams

Bienvenidos a la cultura de los "hate-watchers" (observadores que odian), personas que encuentran entretenimiento en contenidos que odian. Descrito por el diccionario Merriam Webster, "hate-watch" es un verbo que se utiliza para ver y disfrutar riéndose o criticando (un programa de televisión, una película, etc.) que no nos gusta.
Parte del atractivo del "hate-watching" tiene que ver con la delgada línea que separa el placer culpable de los medios de comunicación de ver algo tan malo que es bueno. El tristemente célebre programa Bachelor es un ejemplo, pero hay muchos más. ¿Y si todos sentimos una especie de placer retorcido al sentirnos más inteligentes que los personajes de la vida real, a veces perdidos, contundentes y excesivamente dramáticos, de esos reality shows?
No sólo nos hacen valorarnos más al sentir que somos mejores que ellos, sino que también pensamos que si algo está dirigido, rodado, escrito o dicho muy mal, seguramente podríamos haberlo hecho mejor.
Pero esa sensación, o más bien ilusión, de superioridad temporal puede ser realmente tranquilizadora para el alma. Pensemos en la sociedad competitiva en la que vivimos, en la que todo el mundo tiene que dar lo mejor de sí mismo para triunfar, si es que lo hace. Observar el odio es nuestro billete directo a una sensación de autocomplacencia sin hacer nada en realidad.




















