Trabajaba como seguridad en BFE, Missouri, y una noche, alrededor de la medianoche, me enviaron a Walmart para comprar algunas cosas. Conducía por la autopista 50 cuando vislumbré una figura al costado de la carretera, como cuando ves algo fantasmal por el rabillo del ojo. Me detuve y una joven se acercó a la puerta del pasajero.
Se encontraba casi hiperventilando y se la veía muy asustada. Como no pude entender lo que decía, le dije que se subiera a mi camioneta. Luego de estar sentados allí por un momento, intentó hablar. Pero, justo en ese momento, una camioneta se detuvo detrás de mí, todavía en el costado de la autopista 50. Un hombre se bajó y se acercó a la ventana del lado del pasajero, que aún estaba baja.
Tomó a la chica y comenzó a maldecirme. Pasó medio segundo hasta que me repuse y le expliqué, en voz alta y calmadamente, que tenía que alejarse porque ella no se bajaría de mi camioneta. Le dije que no tenía idea de que estaba ocurriendo, pero que la llevaría a donde quisiera ir.
Hablamos de camino al hospital. Ella era de otro estado y unos chicos, que había conocido por un amigo en común, la agredieron y la llevaron a un campo. Le pegaron hasta que fingió estar muerta. Se escapó de la parte trasera de la camioneta cuando se detuvieron para cargar gasolina.
No suelo detenerme por extraños a la medianoche, pero algo dentro de mí me hizo frenar por esa mujer.