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Entonces el vendedor se olvidó de él INMEDIATAMENTE, en su mente yo llevaba los pantalones, y se puso a hablar conmigo. Conseguí negociar un precio algo más bajo. Amo a mi marido, sabía exactamente lo que hacía.
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El hilo tuvo 63600 votos y más de 200 premios, demostrando que es un tema que interesa a la comunidad. En el hilo se señala que hay muchos hombres con esta actitud medieval, pero también que hay hombres más que dispuestos a plantar cara por las mujeres y corregir a quienes tienen esta actitud.
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Le saludé y comencé a hablarle del problema que había. Entonces vio a mi amigo, me dio la espalda literalmente mientras yo le estaba hablando. En MI casa.
Los estereotipos de género son uno de los mayores obstáculos para alcanzar la verdadera igualdad de género, porque llevan a la discriminación. Son ideas preconcebidas en las que hombres y mujeres tienen características asignadas arbitrariamente y roles determinados y limitados por su sexo, según el Consejo Europeo.
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La educación es una de las claves para cambiar esta actitud. Pero la responsabilidad personal es parte de la solución. Hay políticas que pueden ayudar a cambiar estos estereotipos en el lugar de trabajo, y fuera también. Eso, y recordar a la gente que la educación básica, como no dar la espalda a alguien o ignorarles, significan mucho, a pesar de estar en 2021.
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Les dije "podéis hablar con él si queréis, pero ese es mi coche y estas son mis tierras, no las suyas". Aún así, insistieron en que mi marido les diera permiso.
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Volvió a llamar preguntando lo mismo, y le dijo que no había vuelto. Al día siguiente igual.
Cuando al fin, después de varios días, pudo hablar con su marido, le explicó sobre la compañía y los beneficios, y el marido dijo que hablara con su esposa, que ella lleva las facturas y demás. Mi profesora cogió el teléfono, dijo "no, gracias" y colgó.
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Durante años trabajé en una tienda de bicis. Un día vino una pareja, la mujer quería una bici para ella, pero el marido era muy dominante, en vez de dejarle hablar, decía lo que ella quería y no quería. Cuando quedó claro que no iba a dejar hablar a la mujer, dejé que el hombre hiciera las preguntas, pero yo respondía girándome hacia la mujer, ignorando al hombre descaradamente.
A ella le encantó, comenzamos a conversar y le gustó saber cosas sobre las bicis e ideas para comenzar a practicar este deporte.
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Así que comencé a llevar a mi padre o a mi marido a las consultas (algo muy intrusivo) y ellos repetían lo que yo decía de mi dolor, y de repente, ya tenía mis analgésicos.
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No me hizo gracia alguna. Tras discutir un rato, conseguí que me dieran el paquete.

