Durante siglos, este tipo de reminiscencia se consideró malsana. En el siglo XVII, un estudiante de medicina suizo llamado Johannes Hofer estudió a mercenarios en las tierras bajas de Italia y Francia que añoraban desesperadamente sus tierras montañosas natales.
Al presenciar su llanto y abatimiento, acuñó el término nostalgia y lo atribuyó a una enfermedad cerebral. Otros pensadores de la época compartieron esta visión, que persistió también durante los siglos XVIII y XIX.
Sin embargo, según la Dra. Chelsea Reid, profesora asociada de psicología en el College of Charleston, Estados Unidos, es un error asumir que la nostalgia provoca síntomas completamente atroces.
De hecho, «Experiencias desagradables, como la soledad y el duelo, pueden despertar nostalgia, lo que a su vez puede ayudar a las personas a afrontar estas dificultades de forma más eficaz», escribe.
Gracias a la investigación científica, ahora sabemos que la nostalgia también ofrece muchos beneficios.
"Fomenta el optimismo y la inspiración, y hace que las personas se vean a sí mismas de forma más positiva", afirma Reid.
"Cuando las personas sienten nostalgia, sienten una mayor sensación de que sus vidas tienen sentido".
Los beneficios sociales de la nostalgia están especialmente respaldados. Aumenta la empatía y la disposición de las personas a dar a quienes las rodean, como el voluntariado en eventos comunitarios y las donaciones a organizaciones benéficas.
Así que, en cierto modo, crear y compartir publicaciones como estas es una forma de servicio público. Sé que suena exagerado, ¡pero la evidencia está ahí!
La nostalgia también hace que las personas se sientan más conectadas, al asegurarles que sus seres queridos las aman, conectan con ellas y las protegen.
También nos ayuda a sentirnos más seguros en nuestras relaciones cercanas y aumenta la satisfacción en ellas.





















