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Romper con una pareja casi nunca suele ser fácil. Las discusiones, los malentendidos o simplemente la incompatibilidad entre dos personas pueden llevar a que uno, o ambos, deban tomar esta complicada decisión. Tampoco ayuda que, hoy en día, las personas viven un ritmo de vida más ajetreado y que el estrés y la falta de tiempo con los que muchos tienen que lidiar terminen por pesar en las relaciones.
Quizás sea por estas razones que las tasas de divorcio en todo el mundo parecen ir aumentando cada año. En México, por ejemplo, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía informó en 2021 que la cantidad de divorcios se había duplicado en comparación a los números reportados en 2011. Así, por cada 100 matrimonios concretados de forma legal, en 2011 se registraron 16 divorcios, mientras que la tasa en 2021 fue de 33 separaciones legales. Esta estadística solo abarca los divorcios derivados de matrimonios legales, y los expertos creen que la cantidad de separaciones entre parejas no casadas es todavía más alta.
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La siguiente vez que nos vimos, se emborrachó de nuevo y me acusó de intentar engañarla (nunca he engañado a nadie) y me golpeó con su bolso.
Esperé a que las cosas se calmaran y le expliqué que yo había crecido en una casa llena de violencia doméstica y que ese era mi límite. Y, por esa razón, la dejé.
No obstante, a pesar de estos números, parece que la gente continúa apostando al amor: en todo el mundo, la cantidad de personas que deciden casarse es mucho más grande que aquellas que optan por el divorcio. “Si hacemos una resta, salimos en saldos positivos”, afirmó Melissa García Meraz, miembro de la Facultad de Psicología de la Universidad Nacional Autónoma de México.
La especialista en psicología comentó que terminar una relación no debería ser pensado de forma extremadamente negativa, ya que establecer y cortar vínculos con los demás son procesos por los que toda la gente pasa en su vida. “Somos seres sociales que buscamos encontrarnos con otros. A veces, encontramos a personas parecidas a nosotros; a veces, a otras muy diferentes que nos sacan de nuestra zona de confort o nos brindan un aprendizaje. Es hermoso”, concluyó, al enfocarse en el aspecto positivo que todas las relaciones fallidas nos pueden aportar.
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Le pedí una limpia. Él no entendía a qué me refería.
No sabía que había que lavar las toallas, ya que: “Como absorben agua, se limpian a sí mismas”.
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Me siento muyyy feliz de haber salido de esa relación; pero, años después, me siento muy mal por sus hijos y rezo para que todo les haya salido bien.
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Hablamos sobre higiene y le dije que se comprara un cepillo nuevo; pero, dos semanas después, cuando volví a quedarme en su casa, ese maldito cepillo de dientes seguía allí… Así que terminamos.
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Me dijo que nunca limpiaba el vómito de su gato. Ella solo esperaba a que el perro se lo comiera. Cuando el perro se volvió demasiado viejo, sordo y ciego para hacerlo, ella lo acercaba hasta el vómito del gato.
Ese fue un gran “no” para mí.
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Me fui. No lo he visto desde entonces. Ha pasado una década.
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Además, era muy controlador y se ponía celoso o se enojaba si yo pasaba el rato con mi hermana, con mi perro o usando mi computadora. Y, también, admitió haber revisado mis intereses en Facebook para fingir que los conocía y que le gustaba lo que a mi me agradaba: buscó los juegos que yo jugaba y escuchó la música que yo escuchaba para poder mencionarlos en nuestras conversaciones. Un psicópata total.
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Mi novia de ese entonces lo interrumpió para decirle: “Oh, vamos, no es un problema tan grande. Es probable que todos tengamos cáncer. Los lunares suelen ser cáncer. Mira, probablemente yo haya tenido cáncer en estos lugares de mi brazo en donde me sacaron lunares”.
Hubo muchos más problemas que me llevaron a esto, pero rompí con ella unos días después.
Me horrorizó que no se diera cuenta de lo que había hecho. Esos eran mis amigos, que conocía hace una década, y ella solo los conocía desde hacía un año. Estábamos en un grupo pequeño de unas 9 personas, a quienes en su mayoría no había visto antes.
Me desagradó y no pude pasar el resto de la noche junto a ella. Terminamos esa semana.
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Había mucho en ese papel.
No lo sé, supongo que la idea de él viviendo su día con caca en el trasero de forma regular hizo que lo viera de forma diferente. Ni siquiera fui capaz de volver a sentirme atraída hacia él. Probablemente, la enorme pila de basura que había en su habitación debería haberme hecho reconsiderar todo, pero supongo que tengo menos límites que la mayoría de la gente.
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