#1

“¿Qué demonios se supone que tengo que hacer con esto?”.
“Te las pones en los pies”, exclamé con alegría.
“No he tenido pies desde Vietnam”.
Somos muy conscientes de que es prácticamente inevitable no pasar por una situación vergonzosa. Todos alguna vez en la vida vivimos un momento donde quisimos que la tierra nos tragara.
Para que las sensaciones malas no se adueñen de nuestro cuerpo en estas situaciones y podamos reaccionar de manera rápida, lo importante es enfocarse en seguir adelante y poner la atención en otra cosa. Esto se puede lograr con una simple disculpa y con entablar una conversación como si no hubiera pasado absolutamente nada.
Mientras más importancia le demos a lo ocurrido, será mucho más complicado poder salir de allí.
Según un estudio: “La clave para lidiar con el miedo abrumador de sentirse humillado o avergonzado en público puede estar en la perspectiva que tomemos”.
#2

Cuando estaba en segundo de primaria, a mi hermano y a mí siempre nos pasaba a buscar mi padre cuando salíamos del colegio. Teníamos una furgoneta verde con una raya roja al costado.
Mi hermano me agarró de la mano y me llevó hasta el coche. Abrió la puerta, nos sentamos, me abrochó el cinturón y dijo: “¿Podemos ir a McDonalds de camino a casa?”.
Ambos levantamos la vista y vimos a dos adultos mayores sentados en los asientos delanteros que OBVIAMENTE no eran de nuestra familia. Nos miraron fijamente y nosotros a ellos. En mi pequeño cerebro llevábamos mirándonos al menos diez minutos.
Mi hermano me desabrochó el cinturón, se desabrochó el suyo, nos bajamos y nos fuimos. No dijimos absolutamente nada.
A partir de ese momento, siempre mirábamos quién estaba dentro de los coches antes de subir.
#3

Al tener en mente que las situaciones vergonzosas son algo totalmente normal y que le pasa a todo el mundo –y varias veces en la vida– está bien tomarlas con humor.
Aunque en ese momento quieran desaparecer, siempre pueden pasar a ser una de las anécdotas favoritas para contar en las reuniones con amigos, tal y como hicieron en este otro hilo de Reddit.
Compartir anécdotas vergonzosas con la gente puede sacar muchas sonrisas y crear momentos muy divertidos.
#4

#5

Pero ella no paró, seguía intentando disculparse y explicarme las cosas, y yo solo quería salir corriendo. Luego me quedé encerrada con ella en una habitación pequeña durante dos horas.
Luego de terminar con esta lista, los invitamos a que pasen por la sección de comentarios y se sientan libres de contarnos sus propias experiencias vergonzosas. ¡También pueden compartir con nosotros cuál fue la historia que más los hizo reír o cuál de ellas fue la que los hizo sentir vergüenza ajena!
#6

Cuando el rabino llegó a contar esa parte, mi cerebro de trece años se imaginó a Ester yendo a ver al rey mientras él estaba sentado en el trono, y me empecé a reír. Nadie más se rio. En lugar de eso, todo el mundo se giró para mirarme y tuve que explicarle a toda la sala lo que había pensado.
Ahora celebramos Purim en la comodidad de la casa de mis padres.
#7

Nuestros trenes iban en direcciones opuestas y las entradas estaban una en frente de la otra, así que caminé con ella hasta la estación para despedirme. Cerré los ojos y me incliné torpemente para darle un beso de despedida, y ella se acercó más para abrazarme. Terminé dándole un cabezazo en la cara y empezó a sangrarle la nariz. Estaba tan avergonzado que no sabía qué decir, así que me limité a preguntarle: “¿Estás bien?”. Ella respondió: “Creo que sí”. Como seguía sin saber qué hacer, le dije: “Bueno, adiós”, y crucé la calle corriendo para tomar el tren.
Fue tan dolorosamente incómodo y vergonzoso que la evité durante varias semanas.
#8

Edito para aclarar: Ya que la gente está preguntando qué pasó después, mis padres se rieron de mí, lo que hizo que el chico se riera también y luego nos fuimos de la iglesia, creo.
#9

Mal día para no usar ropa interior.
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#12

El predicador: “¡Ahh! ¡El señor Pomelo! ¡Salúdalo de mi parte!”.
Yo: “¡Por supuesto!”.
#13

Un día, durante el descanso, los cocineros estaban hablando de sus ex compañeros de trabajo. Abrí mi boca y dije: “¿Quién era la que lloraba cada vez que metía la pata?”.
Ella estaba a medio metro y respondió: “Yo…”.
…
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La conversación duró un minuto y finalmente alguien preguntó el nombre de la chica con la que había estado mi amigo y resultó que era la misma chica con la que mi otro amigo había empezado a salir.
Con mucho esfuerzo evitamos la pelea y los convencimos de que era mejor que se enteraran ahora que ella era una zorra y no más adelante. Sin embargo, mis dos amigos ya no se hablan.
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