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El año nuevo está a punto de llegar, y eso significa que es hora de los propósitos de año nuevo. Aparte de las clásicas, como dejar de consumir azúcar o (inserten aquí cualquier otra cosa), también podemos pensar en formas de alimentar nuestras almas y aprender algo que jamás creímos que podíamos hacer. Así, nos acercamos a Helen Marlo, una psicóloga clínica licenciada y psicoanalista junguiana, quien también es profesora de psicología clínica en la Universidad Notre Dame de Namur, para hablar sobre el aprendizaje y sobre cómo podemos beneficiarnos de él.
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“Tener como meta el aprendizaje puede ser algo atinado, ya que es un proceso que se puede cumplir en pasos pequeños o de varias formas”, dijo Helen, quien añadió que: “Aprender algo nuevo puede estar asociado con tener una ‘mentalidad de crecimiento’, es decir, una mentalidad enfocada en el proceso de aprendizaje, en lugar del resultado”.
Resulta que enfocarse en el proceso de aprendizaje tiene fuertes consecuencias en la personalidad. “Enfocarse en este proceso nos permite centrarnos en comprometernos a incorporar cualidades menos concretas pero más influyentes, como la receptividad, la curiosidad, el esfuerzo y la determinación, que suelen estar asociadas con el éxito y la maestría”.
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Según Helen, comprometernos con el aprendizaje es algo completamente diferente de una meta más concreta, aunque la gente suele aferrarse más a ellas. “Tener una meta relacionada con el aprendizaje ayuda al esfuerzo propio de ir más allá de nuestra zona de confort. Esto contrasta con otro tipo de objetivos más concretos como, por ejemplo, perder 10 kilos o dejar de tomar café, cosas que no nos dan la oportunidad de comprometernos con procesos orientados al crecimiento propio”, explicó la profesora.
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