Hice prácticas en una revista local de bodas durante la universidad. Una oficina pequeña con tres becarios que hacían la revista y una editora que siempre será la persona más incompetente con la que he trabajado. ¡Y he trabajado en el servicio de comidas!
En fin, después de meses de tonterías, mi coche se averió en Acción de Gracias. Llamé a la editora para avisarle por si llegaba tarde, ya que pensaba ir en autobús. ¿Su respuesta? "¿Se te ha roto el coche? Ya no te necesitamos como becaria". Clic.
Perr*, ¡Me acabas de colgar! Me enfadé, pero me tomé esa llamada como un tipo de bendición y decidí olvidarlo. No nos pagaban como becarios, así que ¿a quién le importaba?
Dos meses después, un sábado, estaba descansando en casa cuando recibí una llamada. ¿Adivinad de quién?
"¡Hola! Escucha, siento lo de la llamada durante las vacaciones de Acción de Gracias, se me cayó el teléfono. Estamos intentando imprimir la edición de este mes y no doy abasto con el correo, los anuncios y las llamadas. Es una locura aquí, y las otras chicas renunciaron, ¿puedes creerlo? ¿Cuándo volverás a la oficina?".
Amigos, han pasado cuatro años desde aquel sábado, pero incluso ahora todavía puedo sentir esa increíble sensación de alegría mezquina.
"Dijiste que ya no me necesitabas como becaria hace dos meses. Ya he aceptado un puesto en otro sitio. Mi nuevo jefe no me llama los fines de semana y me paga de verdad. Pierde mi número". Clic.