Además de su carácter educado, los canadienses comparten muchos valores comunes. Según un artículo de la Universidad Simon Fraser, uno de ellos es la inquietud durante las confrontaciones.
“En general, los canadienses tienden a sentirse incómodos en situaciones donde otra persona actúa de forma agresiva o grosera”, dice un extracto del artículo.
Otra característica mencionada en el artículo es la priorización y el respeto por el espacio personal. Se señaló que los canadienses suelen mantener una distancia prudencial entre las personas y respetar la privacidad de los demás. Las conversaciones informales entre desconocidos suelen ser ligeras y menos serias, y giran principalmente en torno a temas cotidianos como el clima. El artículo señaló que las personas a menudo evitan hablar de temas delicados, como el dinero y la política.
La reputación de Canadá como un país educado también tiene su lado negativo. En julio, la Dra. Karine Coen-Sanchez, investigadora de la Universidad de Ottawa, publicó un documento que destacaba el "racismo educado" que ha estado plagando a la fuerza laboral del país.
La Dra. Coen-Sanchez destacó en particular cómo los empleados de color, como los haitianos de segunda generación y los canadienses jamaicanos, experimentan barreras sistémicas en la contratación, los ascensos y las interacciones diarias con sus colegas. La Dra. Coen-Sanchez define el racismo cortés como una «forma de exclusión racial típicamente canadiense». Señala que es el tipo de discriminación que «se esconde tras la civilidad, la neutralidad burocrática y la cortesía institucional».
“Es el arte de decir no con una sonrisa. Suena como: ‘No eres la persona adecuada’. Parece un elogio sin ascenso. Es la retroalimentación que nunca menciona la raza, y sin embargo, la raza determina quién entra, quién asciende y quién pertenece”, señaló. La Dra. Coen-Sanchez también afirmó que, si bien muchas instituciones se enorgullecen públicamente de promover la equidad, en privado priorizan la blancura como medida de profesionalismo. En sus palabras, la diversidad es una celebración simbólica, pero ser blanco es lo que define la competencia y la pertenencia. En definitiva, la Dra. Coen-Sanchez aboga por un enfoque genuino de la equidad, no uno performativo ni un simple truco publicitario. Insta a "aprender el lenguaje del racismo" tal como funciona realmente, centrándose tanto en el sesgo implícito como en el racismo educado.
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