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Anteriormente, Bored Panda habló con el profesor Kang Lee, de la Universidad de Toronto, sobre la visión de objetos con caras, un fenómeno que tiene una explicación perfectamente científica.
"La pareidolia ilustra la interacción entre la corteza visual y la corteza frontal del cerebro humano. Sugiere que nuestro cerebro es muy sensible y espera encontrar y procesar algunas clases especiales de objetos en nuestro entorno porque son biológica y socialmente importantes para nuestra adaptación al medio", nos explicó el profesor Lee.
De hecho, nuestra intención interna de detectar cosas y patrones que nos resultan familiares es tan fuerte que a menudo los vemos donde no podría existir tal cosa. ¡Y somos conscientes de ello! "Sin embargo, para algunas personas, la expectativa de su córtex frontal respecto a ciertos objetos llega a ser tan alta que ven caras en muchas situaciones en las que no existen rostros".
Aunque ver cosas donde no existen, y especialmente rostros humanos, puede parecer y hacernos sentir como si uno se estuviera volviendo loco, el profesor Lee aseguró que el fenómeno es totalmente normal y nos ocurre a muchos.
"No hay nada malo en estas personas", subrayó. Resulta que "la pareidolia es diferente de la paranoia o el delirio o la visión anormal de los individuos con psicosis".
De hecho, "un estudio reciente demuestra que las personas con pareidolia tienden a ser más creativas", añadió el profesor. Además, algunas personas pueden ser más propensas a ver cosas que otras, como las que son muy religiosas, ya que "pueden ser capaces de ver iconos religiosos también en objetos no faciales".
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Otra teoría sobre por qué vemos caras en objetos y lugares al azar tiene que ver con la creencia de que desarrollamos la pareidolia como mecanismo de supervivencia. Por ejemplo, Carl Sagan, astrónomo, sugiere que la pareidolia nos ayuda a reconocer rostros a gran distancia y a determinar si es el enemigo o un aliado lo que estamos viendo.
También cree que esta característica era más prominente en los bebés. "Los bebés que hace un millón de años eran incapaces de reconocer una cara sonreían menos, tenían menos probabilidades de ganarse el corazón de sus padres y de prosperar". Algunos incluso afirman que, por tanto, esta supervivencia permitió que la pareidolia pasara de generación en generación.
















