En teoría, el capitalismo como sistema puede parecer sencillo. Recompensa el esfuerzo, el crecimiento y la innovación, a la vez que impulsa el crecimiento económico de la civilización humana. Este sistema fomenta el libre mercado y ofrece oportunidades a todos los que estén dispuestos a trabajar. Pero por muy bien que suene sobre el papel, la realidad es mucho más complicada que eso.
El capitalismo tiene la mala reputación de causar desigualdad y alienación. Muchos trabajadores lo ven como algo corrupto, poco ético, despreocupado y, a menudo, alineado con lo que piensa la gente que está en el poder. La sociedad capitalista está maximizando los beneficios como si no hubiera un mañana, y empieza a parecer que está yendo demasiado lejos. Al fin y al cabo, las cosas se han vuelto bastante distópicas, desde los empleados con exceso de trabajo que están hartos de ser explotados hasta la clase media que se reduce a ritmos alarmantes, pasando por la inflación galopante (en inglés) que hace que parezca casi imposible costearse ser una persona.





















