Si hay una verdad universal con la que todo el mundo está de acuerdo, es que todos cometemos errores. Por supuesto, algunos son más humillantes que otros, como poner la pizza en el horno y quedarse dormido sin querer. Pero en lugar de lamentarnos por nuestras equivocaciones, es importante recordar que cada error no es más que una lección para seguir aprendiendo. Si cambiamos la mentalidad y comenzamos a ver esos fallos como oportunidades para aumentar nuestras habilidades y mejorar nuestro nivel culinario, podemos superar fácilmente la vergüenza y el fracaso.
Por desgracia, es más fácil decirlo que hacerlo. Nosotros, los humanos, somos una especie curiosa que a veces no sabe dejar de lado el miedo y el estrés que nos produce meter la pata. Tropezamos, nos caemos, nos enredamos en nuestro fracaso, incapaces de levantarnos, asimilar la lección y seguir adelante con nuestras vidas. Así que es natural que los amantes de la cocina se desanimen cuando ven que sus esfuerzos se pierden en una nube de humo.




















