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Según Doyle, de Forbes, en los ambientes de trabajo, la feminidad tóxica es similar a los comportamientos pasivo-agresivos. “Es cuando dejamos que las relaciones y la productividad se perjudiquen porque no somos honestos sobre nuestras intenciones, o cuando fingimos interés en lo que alguien nos dice, mirándolo con una expresión de ‘preocupación’. Es ser una ‘Karen’, lo que no se aleja de los sistemas de control patriarcales. Puede que no involucre gritos, pero sigue siendo una conducta manipuladora hacia los demás”, explicó.
“La respuesta a siglos de masculinidad tóxica no es una nueva era de feminidad tóxica, sino técnicas y acciones de liderazgo y pertenencia que, francamente, vayan más allá del género y sean apropiadas para el contexto”.
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Doyle señala que la comunicación y la honestidad pueden ayudar a superar tanto la feminidad como la masculinidad tóxica. “En lugar de rescatarlas, pregúntenles a las personas qué les gustaría que suceda y denles las herramientas para lograrlo. En lugar de victimizarse, indiquen claramente sus deseos y controlen sus propios límites. Y, en lugar de perseguir, revisen sus suposiciones y los patrones o procesos que necesitan ser arreglados, no las personas”.
Por otro lado, aquí tienen un repaso sobre el compañero de la feminidad tóxica: la masculinidad tóxica. El psicoterapeuta Silva Neves me contó, previamente, que la masculinidad tóxica es una actitud general perpetuada por la misoginia sistémica, además de las ideas distorsionadas sobre cómo deberían ser los hombres.
Algunas de estas ideas incluyen el no mostrar vulnerabilidad, intentar ser siempre los ganadores, y no comportarse de forma débil o blanda.
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“Usualmente, los hombres con masculinidad tóxica tienen opiniones negativas con respecto a los derechos de las mujeres (incluyendo los derechos a la libertad sobre su propia sexualidad) y suelen ser homofóbicos”, le contó Silva a Bored Panda.
“Un hombre con masculinidad sana tiene las características opuestas: es alguien que reflexiona, que abraza sus emociones, incluso la tristeza, la ansiedad y el llanto. Es un hombre que no tiene miedo de su propia feminidad y que ve a las mujeres como iguales, y, por lo tanto, tiene muy en claro el respeto a los límites y el consentimiento de las mujeres”, continuó el experto.
Según Silva, contar con una masculinidad sana significa que un individuo “acepta las diversidades de relaciones, géneros y sexos, incluyendo a los hombres gay y a las personas transgénero. Es alguien que se siente cómodo con que sus opiniones sean desafiadas y que puede debatir”.
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