Ser la hija mayor puede ser un papel muy complicado de cumplir. Por un lado, es usual que se espere que sean perfectas y serenas todo el tiempo y que ellas sientan la necesidad de complacer a la gente. Pero, por el otro, pueden llegar a ser controladoras y a desarrollar una actitud competitiva poco saludable. Para intentar reducir o prevenir que el “síndrome de la hermana mayor” se desarrolle, se les recomienda a los padres que estén al tanto de las actitudes autoritarias y que se aseguren de que no son toleradas. Hablar por encima de los hermanos menores o decirles qué tienen que hacer puede parecer inofensivo, pero no es un buen hábito para que los niños desarrollen. A su vez, los padres deben asegurarse de que el hijo mayor se sienta querido y valorado independientemente de sus logros. Necesitan mucho tiempo de calidad con sus padres para no sentir que su valor recae en qué tan bien les va en la escuela o en sus actividades.
A menudo, los padres suelen asumir que la hija mayor se encuentra bien porque ella nunca expresa sus preocupaciones o pareciera como si nada ocurriera en su vida. Pero, cuando los padres se acostumbran a no revisar que su hija mayor se encuentra bien, ella puede comenzar a sentirse insegura de hablar cuando las cosas salen mal. Como se ha establecido la expectativa de que ella siempre debe ser perfecta y tener las cosas bajo control, puede temerle al fracaso o a admitir una derrota. Es vital que los padres nunca asuman lo que les pasa por la cabeza a sus hijos y que consideren sus sentimientos, incluso si no son el “bebé de la familia” o si pareciera como si tuvieran todo bajo control.




















