Emma Morton, investigadora de la Universidad de Columbia Británica, explicó a Bored Panda las trampas del pensamiento perfeccionista y cómo se extiende a muchas áreas de la vida de una persona, contribuyendo a una mala salud mental e incluso a la depresión.
Creer que se debe (o incluso que se puede) ser un padre "perfecto" es en realidad perjudicial para la salud. Es más, la creencia de que puedes controlar todos los resultados puede extenderse a otras áreas de tu vida, no solo a la paternidad.
"El perfeccionismo es un problema muy insidioso -incluso si alguien logra un gran éxito en su vida personal o profesional, los patrones de pensamiento negativo le llevan a ser muy autocrÃtico, a centrarse en los errores percibidos o a descartar mentalmente sus logros", detalló Morton que una mentalidad perfeccionista atenúa incluso las mayores victorias cuando tendemos a centrarnos con el láser en los diversos defectos reales e imaginarios.
La ansiedad que rodea al perfeccionismo tiene que ver tanto con el orgullo personal como con el deseo de ser respetado y querido por los demás. "Las personas que luchan contra el perfeccionismo pueden preocuparse de que se les juzgue por sus fallos percibidos, sienten que son inadecuados por necesitar ayuda o asumen que serán una carga para su familia y amigos", dijo, y añadió que esto puede hacer que los perfeccionistas sean especialmente vulnerables mental y emocionalmente.
Por ello, es muy importante que los padres que cometen errores con sus hijos no corrijan en exceso y caigan en la zona "perfeccionista". Del mismo modo, los padres que se dan cuenta de que están siendo inflexibles con sus normas y son excesivamente crÃticos con sus defectos (reales o percibidos) y los de sus hijos, deben aprender a contenerse y dejar espacio para (al menos algún) fracaso. Al fin y al cabo, aprender a lidiar con los fracasos y extraer la sabidurÃa de nuestros errores es lo que significa ser humano. Sin embargo, una cosa es segura: nadie quiere ser ese padre que acaba en "Parents Are Effing Dumb".
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